Alex Anfruns
La agresiva política “atlantista” de los países miembros de la OTAN no parece retroceder ante nada. Ante eso, observamos un nuevo bloque geopolítico, los BRICS, en el cual, cada vez más, los pueblos están depositando sus esperanzas. ¿Estarán fundadas? ¿Podrá este nuevo “mundo multipolar” evitar las trampas tendidas por una arquitectura institucional consolidada tras la Segunda Guerra Mundial? ¿Como debería ser el sistema que lo sustituya? Para hablar de ello y examinar la dimensión de los desafíos del “Sur Global” en su camino hacia la soberanía de los pueblos, hablamos con el escritor nicaragüense Augusto Zamora, autor del libro “Multipolaridad y descolonización de las Naciones Unidas” que acaba de ser publicado en España.
Intelectuales nicaragüenses como Paul Oquist y Miguel D’Escoto afirmaron que el sistema de las Naciones Unidas no podía ser reformado, sino que debía ser sustituido por otro… ¿Cree que NN.UU. pueda ser «descolonizada»?
El sistema de NN.UU. debe ser descolonizado para que funcione. Esto significa, en primer lugar, que la ONU tiene que ser democratizada, es decir, que sus sedes deben ser distribuidas entre Estados miembros, atendiendo criterios de equidad regional. Actualmente, todos los organismos de NN.UU., con excepción de tres, tienen sus sedes en doce países ricos, principalmente en Suiza y EE.UU.
Este hecho ha sido determinante en el fracaso de la ONU como organización internacional. Mientras estos países controlen las sedes de la organización mundial, NN.UU. seguirá siendo inoperante, además de constituir una enorme injusticia. La ONU tiene un presupuesto de 60.000 millones de dólares que se lo quedan los países más ricos del mundo. Eso, además de inmoral, contribuye a aumentar las desigualdades entre el norte rico y el sur pobre.
Usted analiza los BRICS como «un proceso irreversible», y subraya que «el mundo ya no cuenta con Europa, vista como un mero títere de EE. UU». ¿Considera que la Cumbre de Kazán significó un avance?
El proyecto de los BRICS es un proyecto de mediano y largo plazo. Es ir creando, por medios pacíficos y a través del acuerdo y el consenso, las condiciones necesarias para establecer un nuevo orden mundial, multipolar, democrático y no violento.
Llevará su tiempo, pero alcanzará sus metas. No olvidemos que las dos grandes organizaciones internacionales creadas hasta la fecha –la Sociedad de Naciones y la ONU-, nacieron de las dos grandes guerras mundiales. La apuesta de los BRICS es crear un nuevo orden desde la paz y el respeto. Ese tipo de procesos es más arduo, pero, indudablemente, más sólido, justo y equitativo.
El mundo multipolar que representan los BRICS+ alberga enormes esperanzas desde la mirada de los pueblos del “Sur Global”. Sin embargo, parece que su posición en algunas cuestiones sea titubeante. ¿Cómo ve el veto brasileño del gobierno Lula a la entrada a los BRICS de Venezuela?
Hay un conflicto casi personal entre Lula y Maduro, que Lula, lamentablemente, no ha sabido o no ha querido extraer de un foro tan relevante como los BRICS. El hecho de que la admisión de nuevos miembros y socios se tenga que hacer por acuerdo entre todos los miembros hace complicado el proceso de ampliación. Irán esperó años para ser admitido por las reservas de algunos miembros. No obstante, la república islámica ya forma parte de los BRICS.
Venezuela ingresará en su momento, no tengo dudas de eso. Pero hay que entender el mecanismo de admisión. Dentro de los BRICS no se impone nada. Es una regla de oro para continuar fortaleciendo dicho foro. Si todo va por acuerdo de todos, el proceso será más lento, pero más sólido. Nada que ver con el funcionamiento de otros foros mundiales.
En su libro dedica un apartado a describir cómo el neo colonialismo ha sido un retroceso para el continente africano. Precisamente en África del Oeste, en los últimos tres o cuatro años se han producido acontecimientos que han cuestionado el statu quo. ¿Qué importancia reviste en su opinión el reciente anuncio de la Confederación de Estados del Sahel?
Es interesante lo que está ocurriendo hoy en el Sahel. Es la rebelión contra el sistema neocolonial impuesto por Francia a cambio de otorgar la independencia formal. Es la tercera descolonización y, ojalá, sea la definitiva.
Ese proceso, u otros similares, tendrán que ir dándose en el sur global para poner fin a las falsas independencias. En el Sahel se está alumbrando la tercera etapa de la descolonización, determinada por la recuperación, para los países y pueblos, de sus recursos naturales, su independencia y autodeterminación.
Partiendo de su experiencia como diplomático reflejada en su libro, ¿qué consecuencias acarrea la estrecha relación existente entre las organizaciones internacionales y los Estados capitalistas en la arquitectura del derecho internacional?
Entre 1945 y 1965, periodo durante el cual se crea el sistema de NN.UU., los países ricos se repartieron con cuchara grande los organismos especializados, los fondos y los programas de la ONU que se iban creando. Esa apropiación garantizaba el control del sistema de NN.UU. por las potencias coloniales viejas y la nueva, que era EE.UU. Ello no impidió que se creara un nuevo y potente nuevo orden jurídico mundial, nuevo y potente, pero inaplicable.
La suma de la imposición del neo-colonialismo y el poder que otorga controlar las sedes de la ONU llevó a que el nuevo orden jurídico mundial quedara reducido a los manuales de Derecho. En una sociedad multipolar, con las sedes distribuidas en el sur global, la situación será diametralmente opuesta.
En su opinión, ¿qué errores deben evitar las naciones del Sur que cuentan con el actual sistema de NN.UU. y otras instituciones internacionales, en lo relativo a la financiación y la llamada “ayuda al desarrollo”?
Como dije, el presupuesto de NNUU es, hoy, de 60.000 millones de dólares. En diez años, eso suma la exorbitante cifra de 600.000 millones. En mi libro abogo porque el presupuesto de la ONU sea convertido en motor de desarrollo.
Un organismo de NNUU tiene un presupuesto medio de 800 o mil millones de dólares. Imagine ese dinero ingresando a países pobres como Burkina Faso, Nicaragua o Maldivas. Sería una revolución en todos los sentidos: económica, laboral, educativa, etc.
La distribución del presupuesto de la ONU distribuyendo sus sedes entre países pobres sería la mejor y más efectiva ayuda al desarrollo, sin endeudar a los países sede.
¿De qué modo la multipolaridad puede hacer frente a la amenaza imperialista de un mundo con cada vez más guerras y destrucción?
Hay una cuestión que debe quedar señalada. En este mundo de hoy, que ya es materialmente multipolar, no existen conflictos aislados, salvo aquellos que tengan base tribal o étnica. La guerra en Ucrania es un ejemplo de ello. Con el régimen de Kiev están los países atlantistas y sus escasos aliados. Con Rusia está casi el resto del mundo, de una u otra forma. India, China, Irán y casi todos los BRICS, apoyan a Rusia de múltiples formas.
Ante las amenazas que provienen de Israel y EE.UU. contra Irán, están respaldándolo Rusia y China. Esto se sabe en EE.UU. y hay conciencia, cada día mayor, de que EE.UU. no está en condiciones de enfrentar un conflicto armado contra potencias de la magnitud de China y Rusia, que han forjado una alianza de hierro.
Las capacidades de la OTAN, de hundir a potencias como Rusia o Irán, han demostrado su fracaso. Eso lo explico en mi último libro, con cifras y datos. Las draconianas sanciones contra Rusia más bien le hicieron un inmenso favor al país. Le han obligado a reconstruir su industria, a realizar inversiones multimillonarias para reactivar sectores estratégicos y a hacer otro tanto en el sector científico-técnico. En un plazo no mayor de diez años, Rusia emergerá como una de las tres mayores economías del mundo y, sobre todo, como uno de los países más desarrollados e industrializados.
El modelo represor y de guerras económicas de la OTAN ha demostrado ser un modelo inútil, que produce más daño a sus miembros que país castigado. La economía rusa está boyante y la alemana en caída libre, igual que la de otros países atlantistas. Esto es una muestra clara del mundo multipolar. Es la OTAN contra la humanidad. La OTAN está siendo derrotada. Ganará la humanidad, sin duda.
Augusto Zamora es autor de Multipolaridad y descolonización de las Naciones Unidas, De Ucrania al mar de la China, Política y geopolítica para rebeldes, irreverentes y escépticos y Réquiem polifónico por Occidente.